Data Freshness
Un agente que decide con datos viejos es más peligroso que uno que no decide.
La frescura del dato es la antigüedad de la información en el momento exacto en que el agente la usa para decidir. Un sistema de reportes toleraba datos de ayer; un agente que ajusta inventario, aprueba un crédito o procesa un reembolso con datos de hace cuatro horas no es un recomendador pasivo: actúa sobre una realidad que ya cambió. A esa distancia entre el dato y el mundo se le llama brecha de realidad.
Es navegar mirando una foto del mar tomada hace una hora. Si nada se movió, sirve; si entró un barco, chocas con confianza. Cuanto más autónomo el agente, más caro el desfase entre lo que ve y lo que es.
La velocidad a la que un agente genera valor está limitada por la velocidad a la que la infraestructura de datos se actualiza. La latencia deja de ser un problema de experiencia de usuario y pasa a ser riesgo financiero: decisiones automáticas sobre un estado del mundo que ya no existe. Forzar el dato fresco obliga a migrar de cargas por lotes a captura de cambios en tiempo real.
VDA dimensiona la frescura que cada decisión agéntica exige —no toda necesita tiempo real— y arquitecta la tubería de datos a esa medida. La tesorera de Linda producía cada lunes una cifra que "a las siete y media ya estaba vieja"; el agente no la produce más rápido: la mantiene viva.